Capítulo 4. La película lagrimal (I): la capa lipídica y su biofísica
Sinopsis
Sección titulada «Sinopsis»La capa lipídica es el estrato más externo de la película lagrimal, el que se enfrenta al aire y el primero que se reorganiza con cada parpadeo. Producida por las glándulas de Meibomio, durante décadas se le atribuyó una función casi exclusivamente antievaporativa; la investigación biofísica de los últimos años ha matizado profundamente esa idea. Este capítulo describe la arquitectura molecular de la capa lipídica —lípidos no polares hacia el aire, lípidos polares anfipáticos anclados en la interfase acuosa—, su comportamiento como película interfacial sometida a compresión y expansión en el ciclo de parpadeo, y su papel en la tensión superficial, la estabilidad y el reesparcido de la película. Se examina con detalle la controversia sobre cuánto reduce realmente la evaporación y la posición explícita del TFOS DEWS III al respecto. El capítulo se centra en el comportamiento del film lipídico sobre la superficie; la anatomía de las glándulas de Meibomio se trata en el capítulo 3, y el componente acuo-mucínico, en el capítulo 5.
Objetivos de aprendizaje
Sección titulada «Objetivos de aprendizaje»Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:
- Describir el modelo estructural actual de la película lagrimal y contrastarlo con el modelo trilaminar clásico.
- Distinguir los lípidos polares y no polares del meibum y atribuir a cada grupo su función en la organización del film.
- Explicar el comportamiento biofísico de la capa lipídica como película interfacial durante el ciclo de parpadeo.
- Valorar críticamente la evidencia sobre la función antievaporativa de la capa lipídica y la postura del TFOS DEWS III.
- Interpretar la interferometría lagrimal y los valores de grosor de la capa lipídica en el contexto diagnóstico.
- Relacionar la disfunción de la capa lipídica con el ojo seco evaporativo, la hiperosmolaridad y el círculo vicioso.
Introducción
Sección titulada «Introducción»La película lagrimal es una estructura de apenas unos micrómetros de espesor cuya integridad condiciona tanto la calidad óptica de la superficie ocular como la salud del epitelio subyacente. De sus componentes, la capa lipídica superficial es a la vez el más delgado —del orden de decenas de nanómetros— y el más expuesto, pues constituye la frontera entre la lágrima y la atmósfera. Su estudio ha experimentado un cambio conceptual notable: de considerarse una simple «tapa oleosa» que impide la evaporación, ha pasado a entenderse como una película interfacial compleja, con una organización molecular precisa y funciones que exceden con mucho la de barrera.
El interés clínico de esta capa es directo. El ojo seco evaporativo es la forma más prevalente de la enfermedad, y su causa principal es la disfunción de las glándulas de Meibomio, es decir, una alteración del origen mismo de los lípidos lagrimales.¹ Comprender la biofísica de la capa lipídica es, por tanto, comprender el eslabón inicial de la cadena que conduce del meibum anómalo a la hiperosmolaridad y a la inflamación de la superficie. El TFOS DEWS III mantiene un modelo de la enfermedad centrado en la película lagrimal (tear film–centric), en el que la inestabilidad y la hiperosmolaridad ocupan el núcleo del proceso patológico.¹
Este capítulo aborda la capa lipídica en siete pasos: el modelo estructural de la película, la composición y organización de los lípidos, su comportamiento biofísico durante el parpadeo, la debatida función antievaporativa, sus interacciones con las proteínas lagrimales, los métodos para medirla y, por último, sus alteraciones en el ojo seco evaporativo, que enlazan con los capítulos de hiperosmolaridad (capítulo 20) y de disfunción de las glándulas de Meibomio (capítulo 26). El registro conceptual del capítulo obliga a distinguir con cuidado lo demostrado de lo asumido, pues pocas áreas de la fisiología lagrimal han visto revisadas tantas certezas heredadas.
4.1 Del modelo trilaminar clásico al continuo muco-acuoso
Sección titulada «4.1 Del modelo trilaminar clásico al continuo muco-acuoso»La descripción clásica de la película lagrimal, atribuida a Wolff a mediados del siglo XX, la concebía como tres capas discretas y estratificadas: una capa mucínica interna en contacto con el epitelio, una capa acuosa media —la más gruesa— y una capa lipídica externa frente al aire.² Este modelo trilaminar, de gran valor didáctico, dominó la enseñanza durante decenios y todavía resulta útil como primera aproximación.
Sin embargo, el paradigma vigente, consolidado en el informe sobre película lagrimal del TFOS DEWS II y mantenido por el DEWS III, sustituye las tres capas netas por un continuo. La fase interna ya no se entiende como una capa mucínica independiente, sino como un gel de mucinas solubles cuya concentración disminuye de forma gradual desde el glucocáliz epitelial hacia el exterior, sin una interfase definida con la fase acuosa: es el denominado continuo muco-acuoso.¹ Sobre ese continuo se dispone la capa lipídica superficial. Así, la película se describe hoy como una fase muco-acuosa con un gradiente de mucinas coronada por una película de lípidos.
Las mediciones modernas han precisado también su geometría. Mediante espectros de reflexión, King-Smith y colaboradores estimaron el espesor total de la película lagrimal precorneal en torno a los 3 µm, un valor considerablemente inferior a las estimaciones históricas de hasta 7 µm obtenidas con otros métodos.³ Sobre ese conjunto, la capa lipídica representa apenas unas decenas de nanómetros. Conceptualmente, el DEWS III integra esta estructura en un modelo de la enfermedad centrado en la película: la ruptura precoz del film y la consiguiente hiperosmolaridad local son los acontecimientos que desencadenan la epiteliopatía del ojo seco.⁴ La capa lipídica, por su posición y su papel en la estabilidad, es un actor de primer orden en ese desencadenamiento.

4.2 Estructura molecular: lípidos polares y no polares
Sección titulada «4.2 Estructura molecular: lípidos polares y no polares»La capa lipídica se organiza como una película de dos estratos o duplex film: una monocapa de lípidos polares (anfipáticos) en contacto con la fase acuosa y, por encima de ella y hacia el aire, una fase más gruesa de lípidos no polares.² Esta disposición no es una bicapa lipídica de membrana, sino una arquitectura interfacial propia, y su comprensión ha exigido revisar creencias muy asentadas.
Los lípidos no polares constituyen la gran mayoría del meibum, alrededor del 90-95 %. Predominan los ésteres de cera (aproximadamente 40-50 %) y los ésteres de colesterol (en torno al 30-40 %), acompañados de colesterol libre, acilgliceroles y cantidades menores de ácidos grasos libres.⁵ Forman el grueso reservorio hidrófobo orientado hacia la atmósfera. El meibum, rico en estos componentes, es un material semisólido a temperatura ambiente que funde en un intervalo aproximado de 19 a 35 °C; a la temperatura del borde palpebral se secreta ya en estado líquido y se extiende sobre la lágrima.⁵
Los lípidos polares, aunque minoritarios, son funcionalmente decisivos. Los estudios de lipidómica por espectrometría de masas han identificado los ácidos grasos ω-hidroxi O-acilados (OAHFA, O-acyl-omega-hydroxy fatty acids) como los principales tensioactivos anfipáticos del meibum.⁶ Su carácter anfipático les permite anclar la fase no polar a la subfase acuosa: actúan como surfactante y capa de acoplamiento, sin la cual los lípidos no polares no se extenderían de manera estable.⁷
Un aspecto de especial relevancia por su carácter de cambio de paradigma es la reevaluación del papel de los fosfolípidos. El modelo clásico atribuía la función de anfífilo de interfase a los fosfolípidos; los análisis lipidómicos modernos han demostrado, sin embargo, que el meibum contiene muy pocos o ningún fosfolípido detectable, y que son los OAHFA —y no los fosfolípidos— quienes ocupan el papel de tensioactivos de interfase.⁸ A escala molecular, las simulaciones de dinámica molecular y los estudios de monocapa describen la capa como una monocapa polar sobre una fase no polar desordenada, con coexistencia de dominios líquido-expandidos y líquido-condensados.⁹ Esta imagen dinámica y heterogénea ha reemplazado a la de una lámina oleosa homogénea.

4.3 Biofísica de la capa lipídica: tensión superficial, parpadeo y reología
Sección titulada «4.3 Biofísica de la capa lipídica: tensión superficial, parpadeo y reología»El comportamiento de la capa lipídica se entiende mejor concibiéndola como una película interfacial insoluble, análoga a un film de Langmuir, sometida a los ciclos mecánicos del parpadeo. Tres propiedades resumen su biofísica: la tensión superficial que impone, su respuesta a la compresión y expansión, y su viscoelasticidad.
La tensión superficial de la lágrima entera se sitúa en torno a 40-46 mN/m, muy por debajo de los 72 mN/m del agua pura.¹⁰ Este descenso no se debe a los lípidos no polares —que por sí solos apenas modifican la tensión superficial— sino a la acción conjunta de los lípidos polares y de una proteína lagrimal, la lipocalina.¹⁰ Una tensión superficial baja favorece el reesparcido de la película sobre la superficie ocular tras cada parpadeo y contribuye a su estabilidad.
En cuanto a la dinámica del parpadeo, la capa lipídica se comporta como un film que se comprime durante el cierre palpebral —cuando el párpado superior desciende, disminuye el área disponible por molécula y aumenta la presión de superficie— y se expande durante la apertura.¹¹ Al ascender, el párpado arrastra y reesparce la capa lipídica desde el reservorio del menisco lagrimal inferior, desplegándola sobre la fase acuosa en cuestión de segundos. Este ciclo de compresión y expansión muestra histéresis, atribuible a una reorganización y a un colapso parcial reversible de los lípidos.¹¹ El adelgazamiento de la película entre parpadeos se explica hoy por la combinación de evaporación y de flujo tangencial gobernado por gradientes de tensión superficial (efecto Marangoni), fenómenos que la capa lipídica modula activamente.¹²
La tercera propiedad es la reología interfacial. El meibum humano forma en la balanza de Langmuir películas con viscoelasticidad interfacial medible, con módulos elástico y viscoso característicos; esta viscoelasticidad se asocia a la resistencia del film frente a la ruptura y difiere notablemente de la de los meibum de origen animal, lo que limita la extrapolación de los modelos experimentales.¹³ Coherentemente con este carácter de compartimento estructurado y relativamente estable, el recambio de los lípidos es lento: del orden del 0,9 % por minuto, muy inferior al recambio de la fase acuosa, cercano al 10 % por minuto.⁴ La capa lipídica es, pues, un estrato que se conserva en gran medida entre parpadeos, a diferencia del compartimento acuoso, mucho más dinámico.
4.4 La función antievaporativa: evidencia y controversia
Sección titulada «4.4 La función antievaporativa: evidencia y controversia»Ninguna cuestión relativa a la capa lipídica ha sido tan revisada como su función antievaporativa, y conviene exponerla como lo que es: un debate abierto. La doctrina tradicional se remonta a Mishima y Maurice, quienes en 1961 propusieron que la capa oleosa es la principal barrera que retarda la evaporación desde la superficie corneal, tras observar que su eliminación aumentaba de forma marcada la evaporación en el modelo experimental.¹⁴ Décadas después, la evidencia clínica pareció confirmarlo: Craig y Tomlinson describieron que las películas con capa lipídica más fina o ausente se asociaban a mayor tasa de evaporación y menor estabilidad, mientras que las capas más gruesas parecían reducir la evaporación.¹⁵
Sin embargo, la investigación biofísica moderna ha cuestionado la magnitud de este efecto. En una revisión influyente, Millar y Schuett argumentaron que la capacidad de la capa lipídica para frenar la evaporación in vitro es mucho menor de lo asumido: los films de meibum reconstituidos resultan barreras evaporativas pobres o inconsistentes. Estos autores propusieron que la función primaria del film lipídico no es tanto la barrera antievaporación como reducir la tensión superficial, estabilizar y reesparcir la película, prevenir la contaminación por lípidos cutáneos y disminuir la fricción palpebral durante el parpadeo.¹¹ La capa lipídica sería, ante todo, un agente de estabilidad y lubricación, y solo secundariamente —y en grado discutido— una barrera.
El TFOS DEWS III adopta al respecto una posición explícita y prudente: afirma que una asociación directa entre el grosor de la capa lipídica y la tasa de evaporación lagrimal no ha sido demostrada.⁴ El razonamiento es coherente con la clínica: cabría esperar que el grosor lipídico aumentara en las formas hipersecretoras de disfunción meibomiana y disminuyera en las obstructivas, pero la relación causal grosor → evaporación no está probada. El informe subraya, además, que la tasa de evaporación depende de numerosos factores más allá del grosor lipídico: la calidad y composición del meibum y su orden molecular, la integridad y uniformidad del film, la humedad relativa y la temperatura ambientales, el movimiento del aire, la apertura palpebral y la frecuencia y completitud del parpadeo, muchos de los cuales actúan como factores de confusión en la evaporimetría.⁴
Los datos cuantitativos, no obstante, documentan diferencias reales entre subgrupos. Según los metaanálisis recogidos por el DEWS III, la tasa de evaporación es de aproximadamente 13,6 × 10⁻⁷ g·cm⁻²·s⁻¹ en sujetos normales, se eleva a unos 17,9 en el ojo seco acuodeficiente y alcanza unos 25,3 × 10⁻⁷ g·cm⁻²·s⁻¹ en el ojo seco evaporativo, y disminuye con el calentamiento palpebral.⁴ La síntesis para el clínico es que la capa lipídica modula la evaporación, pero no la anula, y que su eficacia depende más de la calidad del film —de su composición y organización molecular— que de su mero grosor. El debate, todavía vivo, es sobre todo cuantitativo: dónde se sitúa el efecto real entre la reducción casi total que sostenía la tradición y el efecto modesto que sugiere la biofísica contemporánea.¹¹,⁴

4.5 Estabilidad e interacción lípido–mucina–proteína
Sección titulada «4.5 Estabilidad e interacción lípido–mucina–proteína»La estabilidad de la película lagrimal no es una propiedad de la capa lipídica aislada, sino el resultado de la integración de las fases lipídica, acuosa y mucínica. Los OAHFA polares acoplan la capa lipídica a la fase acuosa; las mucinas solubles y el glucocáliz garantizan la mojabilidad del epitelio; y la ruptura de la película se produce allí donde falla cualquiera de estas interfases.¹ La película es, en este sentido, un sistema cuya cohesión depende de la interacción entre sus componentes.
Las interacciones lípido-proteína son un determinante clave de esta organización. El subcomité correspondiente del taller internacional sobre disfunción de las glándulas de Meibomio concluyó que las proteínas lagrimales —lipocalina, lisozima, lactoferrina y mucinas— interactúan con los lípidos en la interfase y condicionan la estructura y la estabilidad del film.¹⁶ Entre ellas destaca la lipocalina lagrimal, secretada por la glándula lagrimal, que es la principal proteína captadora y transportadora de lípidos de la superficie ocular. La lipocalina capta ácidos grasos, alcoholes grasos y otros lípidos y los solubiliza en la fase acuosa, «barriendo» los lípidos de la superficie corneal para mantener su mojabilidad, además de contribuir al descenso de la tensión superficial.¹⁷ Actúa así como un reservorio y tampón de lípidos entre la capa lipídica superficial y la fase acuosa.
La consecuencia clínica de esta interdependencia es que la inestabilidad de la película —un tiempo de rotura corto— constituye un signo cardinal del ojo seco. El DEWS III fija un tiempo de rotura lagrimal no invasivo (NIBUT, primera ruptura) inferior a 10 segundos como umbral diagnóstico de inestabilidad.⁴ Dado que la capa lipídica interviene decisivamente en el reesparcido y la cohesión del film, sus alteraciones se traducen con frecuencia en una rotura precoz de la película.
4.6 Medición e imagen de la capa lipídica
Sección titulada «4.6 Medición e imagen de la capa lipídica»La accesibilidad de la capa lipídica a la exploración no invasiva la ha convertido en un objetivo diagnóstico atractivo. El fundamento de su medición es la interferometría lagrimal: la luz reflejada en las dos interfases de la capa —aire-lípido y lípido-acuoso, con índices de refracción distintos— genera patrones de interferencia que pueden analizarse de forma cualitativa o cuantitativa para estimar el grosor de la capa lipídica.⁴
En su vertiente cualitativa, los patrones interferenciales, clasificados en escalas como la de Yokoi o la de Guillon, se correlacionan con el diagnóstico y la gravedad del ojo seco. Yokoi y colaboradores demostraron que los patrones de interferencia se asocian a la presencia y la severidad de la enfermedad, así como a la tinción corneal y al tiempo de rotura.¹⁸ En su vertiente cuantitativa, los interferómetros comerciales estiman el grosor de la capa lipídica, que en condiciones normales se sitúa en un rango amplio de aproximadamente 40 a 100 nm.³ La literatura recogida por el DEWS III ofrece valores de referencia clínica de utilidad: con el interferómetro LipiView, un punto de corte de 75 nm para la disfunción meibomiana ofrece una sensibilidad en torno al 68 % y una especificidad del 64 %; valores inferiores a 60 nm se consideran patológicos; y un umbral de 72 nm resultó óptimo para el diagnóstico de ojo seco según los criterios del DEWS II.⁴ La repetibilidad de la medida es razonable, con variabilidades inter e intraobservador del orden de 13 a 16 nm.⁴
Una prueba dinámica complementaria evalúa la calidad de la capa mediante el número de parpadeos forzados necesarios para cambiar un grado en el patrón interferencial: en el ojo seco bastan unos 2,4 parpadeos de media, frente a unos 18 en sujetos sanos, una diferencia muy marcada que refleja la fragilidad del film en la enfermedad.⁴ El grosor de la capa lipídica se correlaciona, además, con la pérdida de glándulas de Meibomio evaluada por meibografía. Junto a la interferometría, otras técnicas amplían la caracterización: la espectrofotometría de alta resolución axial permite separar in vivo los espesores muco-acuoso y lipídico; la tomografía de coherencia óptica combinada con interferometría mide simultáneamente el grosor lipídico y el total; y la evaporimetría y la termografía infrarroja aportan marcadores indirectos de la evaporación.⁴
4.7 Alteraciones de la capa lipídica en el ojo seco evaporativo
Sección titulada «4.7 Alteraciones de la capa lipídica en el ojo seco evaporativo»El ojo seco evaporativo es la forma más frecuente de la enfermedad, y su causa principal es la disfunción de las glándulas de Meibomio, cuyo desarrollo completo corresponde al capítulo 26.¹ Desde la perspectiva de la capa lipídica, la secuencia patogénica es coherente: la disfunción meibomiana altera la composición y el orden molecular del meibum, eleva su punto de fusión y obstruye los orificios glandulares; el resultado es un meibum anómalo que da lugar a una capa lipídica adelgazada y desestructurada.⁴ Esta capa deficiente pierde su capacidad de estabilizar y modular la película, con lo que aumenta la evaporación y, con ella, la concentración de solutos en la lágrima.
El punto de convergencia de esta cadena es la hiperosmolaridad lagrimal, mecanismo central del daño en el ojo seco y objeto del capítulo 20. La hiperosmolaridad activa cascadas de señalización proinflamatoria —vías de las MAP-cinasas y del factor nuclear κB—, produce daño epitelial y pérdida de células caliciformes, y retroalimenta la inestabilidad de la película, cerrando el círculo vicioso.¹⁹ El DEWS III establece una osmolaridad igual o superior a 308 mOsm/L, o una diferencia interocular significativa, como marcador diagnóstico.⁴ El caso prototípico del ojo seco evaporativo combina así una capa lipídica deficiente, un tiempo de rotura acortado, una evaporación elevada y una osmolaridad aumentada, con una producción acuosa a menudo conservada.
De este modo, la biofísica de la capa lipídica descrita en este capítulo enlaza directamente con la fisiopatología de la hiperosmolaridad (capítulo 20) y con la disfunción de las glándulas de Meibomio (capítulo 26): el film lipídico deficiente es el primer eslabón de una cadena que, a través del aumento de la evaporación y la hiperosmolaridad, conduce a la inflamación y al daño de la superficie ocular.¹¹,¹⁹
Aplicación clínica
Sección titulada «Aplicación clínica»La comprensión de la biofísica de la capa lipídica tiene traducciones prácticas concretas. La interferometría lagrimal, hoy disponible en numerosos dispositivos, permite objetivar el grosor y la calidad de la capa lipídica de forma no invasiva y en pocos segundos; un grosor reducido —por debajo de 60-75 nm— o un patrón interferencial pobre orientan hacia un componente evaporativo por disfunción meibomiana y ayudan a seleccionar a los pacientes que se beneficiarán de medidas dirigidas a las glándulas de Meibomio (calor, higiene palpebral, expresión). La prueba dinámica del patrón lipídico, sencilla de realizar, ofrece una estimación rápida de la fragilidad del film.
Es importante, sin embargo, no sobreinterpretar el grosor lipídico de forma aislada. Dado que la relación entre grosor y evaporación no está demostrada, un grosor «normal» no descarta un meibum de mala calidad, y la decisión terapéutica debe integrar la interferometría con la meibografía, la evaluación del borde palpebral, el tiempo de rotura y la osmolaridad. El error frecuente consiste en tratar la capa lipídica atendiendo solo a su grosor; la calidad del meibum —su composición y su capacidad de extenderse y estabilizar la película— es al menos tan relevante. Por último, el calentamiento palpebral, que reduce la evaporación y fluidifica el meibum, es una intervención fisiopatológicamente fundamentada que actúa precisamente sobre los determinantes de esta capa.
Controversias y lagunas de evidencia
Sección titulada «Controversias y lagunas de evidencia»La principal controversia del capítulo es la función antievaporativa de la capa lipídica. La doctrina clásica, derivada de los experimentos de Mishima y Maurice y de estudios clínicos como el de Craig y Tomlinson, atribuía a la capa una reducción sustancial de la evaporación; la biofísica moderna, encabezada por la revisión de Millar y Schuett, y la posición explícita del DEWS III según la cual la relación grosor-evaporación no está probada, han desplazado el consenso hacia un efecto barrera más modesto y muy dependiente de la calidad del film.¹¹,⁴ El debate no está cerrado y es esencialmente cuantitativo. Una segunda revisión de calado ha sido la de los fosfolípidos: durante años se los consideró los anfífilos de interfase del meibum, cuando la lipidómica moderna muestra que son casi inexistentes y que ese papel corresponde a los OAHFA.⁸ Persisten, además, lagunas metodológicas: la evaporimetría está sujeta a numerosos factores de confusión, la extrapolación desde meibum animal es problemática, y falta estandarización entre los distintos dispositivos de interferometría, lo que dificulta comparar valores de grosor entre estudios y equipos.
Puntos clave
Sección titulada «Puntos clave»- La película lagrimal se describe hoy como un continuo muco-acuoso, con un gradiente de mucinas, coronado por una capa lipídica superficial de decenas de nanómetros; el modelo trilaminar clásico es una simplificación didáctica.
- La capa lipídica es un duplex film: una monocapa de lípidos polares anfipáticos (OAHFA) anclada a la fase acuosa y una fase gruesa de lípidos no polares (ésteres de cera y de colesterol) hacia el aire.
- Los OAHFA, y no los fosfolípidos —casi ausentes en el meibum—, son los principales tensioactivos de interfase; se trata de un cambio de paradigma consolidado por la lipidómica.
- La capa lipídica reduce la tensión superficial de la lágrima a 40-46 mN/m junto con la lipocalina, y se comprime y expande en el ciclo de parpadeo como una película interfacial.
- La función antievaporativa de la capa lipídica es menor de lo que sostenía la doctrina clásica: el DEWS III afirma que la relación entre grosor lipídico y evaporación no está demostrada.
- La estabilidad de la película depende de la integración lípido-acuoso-mucina; un tiempo de rotura no invasivo inferior a 10 segundos define la inestabilidad.
- La interferometría estima el grosor de la capa lipídica (patológico por debajo de 60-75 nm) y su patrón se correlaciona con el diagnóstico y la gravedad, pero el grosor no debe interpretarse de forma aislada.
- En el ojo seco evaporativo, un meibum anómalo genera una capa lipídica deficiente que aumenta la evaporación y la hiperosmolaridad, enlazando con el círculo vicioso de la enfermedad.
Conclusiones
Sección titulada «Conclusiones»La capa lipídica ejemplifica como pocas estructuras la evolución del conocimiento sobre la superficie ocular. La imagen sencilla de una tapa oleosa que impide la evaporación ha dado paso a la de una película interfacial molecularmente organizada, cuyas funciones principales incluyen reducir la tensión superficial, estabilizar y reesparcir la película y lubricar el parpadeo, y cuyo efecto antievaporativo es real pero de magnitud discutida y dependiente de la calidad del meibum. Para el clínico, esta capa es accesible y medible, pero exige una interpretación matizada: el grosor no lo dice todo, y la calidad del film es determinante. Situada en la frontera entre la lágrima y el aire, la capa lipídica es el primer eslabón del ojo seco evaporativo y el punto de partida de la cadena fisiopatológica que los capítulos siguientes desarrollan. Su estudio, lejos de estar concluido, sigue ofreciendo revisiones de creencias largamente asentadas.
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Sección titulada «Bibliografía»-
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