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Capítulo 37. Principios generales y algoritmo escalonado de prescripción

El tratamiento del ojo seco persigue restaurar la homeostasis, romper el círculo vicioso, aliviar los síntomas y proteger la superficie, y se organiza en un algoritmo escalonado dirigido a los drivers. Este capítulo abre la sección de manejo y fija su marco —los tratamientos concretos se desarrollan en los capítulos siguientes y la subclasificación por drivers en el 36—. Presenta los objetivos del tratamiento y la naturaleza crónica de la enfermedad; los principios generales del TFOS DEWS III, que prescribe según el driver y la gravedad y aborda los factores modificables y la iatrogenia; el algoritmo escalonado en cuatro pasos, heredado del DEWS II y actualizado; la adaptación del escalón al fenotipo y a la gravedad; el manejo de la enfermedad episódica y de las reagudizaciones; la adherencia, el coste y la medición de la respuesta con síntomas y signos; y las novedades del DEWS III hacia una medicina personalizada. La idea rectora es que el eje del tratamiento es el driver y el ritmo es el escalón por gravedad, que los pasos se suman y no se sustituyen, y que la respuesta se mide combinando síntomas y signos.

Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:

  • Enunciar los objetivos del tratamiento del ojo seco y sus implicaciones como enfermedad crónica.
  • Aplicar los principios del DEWS III: tratar según el driver y la gravedad y abordar los factores modificables.
  • Describir el algoritmo escalonado en cuatro pasos y su lógica.
  • Adaptar el escalón al fenotipo y a la gravedad.
  • Distinguir el manejo de fondo del de las reagudizaciones.
  • Medir la respuesta con síntomas, signos y biomarcadores, y comprender la orientación personalizada.

El objetivo de las terapias del ojo seco es restaurar la homeostasis de la película lagrimal y del microambiente de la superficie, en muchos casos estabilizando la película preocular.¹ Esto es coherente con la definición de la enfermedad, cuyo eje es precisamente la pérdida de homeostasis.² Este capítulo fija el marco del tratamiento —los objetivos, los principios y la arquitectura del algoritmo escalonado— y remite los tratamientos concretos a los capítulos siguientes y la subclasificación por drivers al capítulo 36.

La meta central es restaurar la homeostasis, y el fin operativo es minimizar la perpetuación del círculo vicioso de inestabilidad, hiperosmolaridad, inflamación y daño epitelial.¹,³ La hiperosmolaridad es el mecanismo pivote que desencadena y amplifica el ciclo, y la disfunción de Meibomio lo alimenta por la vía evaporativa, de modo que interrumpir cualquiera de estos eslabones es el principio fisiopatológico de todo el arsenal.⁴,⁵ Un matiz del DEWS III es que la inflamación no es universal ni el único motor, por lo que el objetivo no es tratar a todos con antiinflamatorios, sino dirigir la terapia al eslabón activo en cada paciente.¹

De aquí se derivan cuatro objetivos operativos: restaurar la homeostasis, romper el círculo vicioso, aliviar los síntomas y proteger la superficie y prevenir la progresión.¹,⁶ El alivio de los síntomas y la restauración de la función visual diaria son metas terapéuticas en sí mismas, no secundarias a los signos, porque la enfermedad afecta al bienestar global y a la calidad de vida.¹,⁶ Y como el ojo seco es una enfermedad crónica, el marco terapéutico busca el control a largo plazo y no la cura, lo que obliga a educar al paciente en un tratamiento mantenido y escalonado, con una respuesta que se mide en meses, para mejorar la adherencia y evitar el abandono.¹,²

Figura 37.2 — Objetivos del tratamiento y ruptura del círculo vicioso

El principio rector es tratar según los drivers y la gravedad: el informe de manejo se construye sobre las subclasificaciones diagnósticas, de modo que la identificación de los drivers etiológicos es el prerrequisito para prescribir de forma dirigida, y la gravedad de cada driver gradúa la agresividad del escalón.¹,⁷ La terapia se empareja con el mecanismo de acción que aborda el driver presente, en un mapeo de muchos a muchos, y como el ojo seco tiene múltiples drivers coexistentes, la combinación de tratamientos es la estrategia más apropiada.¹

La educación del paciente sobre la naturaleza crónica y el uso correcto de cada terapia, y la adherencia, son componentes esenciales del manejo desde el primer escalón, y un abordaje estructurado mejora los resultados.¹,⁸,⁹ Deben abordarse los factores modificables —el tiempo de pantalla, el sueño, los cosméticos, el ambiente—, que se recomiendan a todos los pacientes con independencia del subtipo.¹ En cuanto a la dieta, las dietas ricas en omega 3 pueden mejorar la calidad lagrimal, aunque la evidencia de la suplementación es controvertida, con un ensayo amplio que no mostró superioridad frente al placebo.¹,¹⁰ Es un principio de manejo abordar la iatrogenia: el uso crónico de conservantes, en especial el cloruro de benzalconio, daña la superficie, y deben revisarse y sustituirse los fármacos sistémicos que inducen o agravan la enfermedad.¹ Y debe preferirse siempre la opción menos invasiva y más segura eficaz, evitando los parches rápidos con corticoides por su riesgo a largo plazo.¹

El algoritmo escalonado de cuatro pasos fue formalizado por el DEWS II y sigue siendo la columna vertebral operativa, actualizado por el DEWS III con la superposición del enfoque por drivers y con nuevos agentes.¹,⁸ Su lógica es comenzar por el primer escalón en todos los pacientes y, si la respuesta es inadecuada, ascender al siguiente añadiendo —no necesariamente sustituyendo— intervenciones de menor a mayor invasividad, coste y riesgo, combinándolas con la terapia dirigida al driver.¹,⁸

El primer paso, para todos los pacientes, comprende la educación, la modificación ambiental y de estilo de vida, la revisión de los fármacos ofensivos con la retirada del cloruro de benzalconio, la modificación dietética con omega 3, los sustitutos lagrimales como piedra angular y la higiene palpebral con compresas calientes.¹,⁸,¹⁰ El segundo paso, ante una respuesta inadecuada, añade los sustitutos sin conservantes, el tratamiento del Demodex y la blefaritis, la conservación lagrimal con tapones y gafas de cámara húmeda, los tratamientos nocturnos, el calentamiento y la expresión de las glándulas con luz pulsada intensa y fotobiomodulación, y los fármacos con receta —el corticoide tópico de duración limitada, los secretagogos, la ciclosporina, el lifitegrast, los antibióticos orales—.¹,⁸ Entre las novedades, el spray nasal de varenicline estimula la vía lagrimal por neuroestimulación.¹¹ El tercer paso añade los secretagogos orales, útiles en el Sjögren, los colirios de suero autólogo y hemoderivados, y las lentes de contacto terapéuticas, incluidas las esclerales.¹,⁸ Y el cuarto paso, para la enfermedad refractaria, incluye el corticoide de duración más prolongada bajo vigilancia, los injertos de membrana amniótica, la oclusión punctal quirúrgica y las cirugías como la tarsorrafia.¹,⁸ Conviene subrayar que el DEWS III no reorganiza rígidamente los tratamientos en pasos, sino que los mapea a los drivers conservando la lógica escalonada por gravedad: el eje es el driver y el ritmo es el escalón.¹

Figura 37.1 — La escalera terapéutica (staged management)

37.4 Adaptar el escalón al fenotipo y a la gravedad

Sección titulada «37.4 Adaptar el escalón al fenotipo y a la gravedad»

La decisión terapéutica combina un doble ajuste: qué driver tratar y con qué intensidad, de modo que no se asciende ciegamente de escalón, sino que se elige la intervención del escalón apropiado que ataca el driver activo.¹,⁷ En resumen, el driver lipídico se trata con calor, higiene, lágrimas lipídicas, luz pulsada y fotobiomodulación; el acuoso, con sustitutos, secretagogos, tapones, suero autólogo y lentes esclerales; el de mucina, con secretagogos mucínicos; la inflamación, con corticoides, ciclosporina y lifitegrast; el neural, con neuromodulación; y el palpebral, con la corrección del cierre.¹

La mayoría de los casos son mixtos, con componentes solapados, por lo que deben tratarse todos los drivers activos y no uno solo.¹² El patrón de ruptura de Yokoi sirve de atajo para inferir el driver y orientar el tratamiento de la capa que falla, con evidencia limitada.¹³ En cuanto a la gravedad, la enfermedad leve se maneja con los primeros pasos y la moderada o grave con los últimos, y la inflamación demostrada desplaza hacia los antiinflamatorios más precozmente.¹

Figura 37.3 — Doble eje de decisión: driver × gravedad

37.5 La enfermedad episódica y las reagudizaciones

Sección titulada «37.5 La enfermedad episódica y las reagudizaciones»

Aunque el ojo seco es crónico, muchos pacientes refieren un patrón episódico de síntomas, ya descrito en las fases precoces de la enfermedad.¹ Una reagudización, o flare, es una exacerbación aguda y transitoria de los signos y los síntomas, a menudo desencadenada por el estrés ambiental, las lentes de contacto, la cirugía o los conservantes, con una base inflamatoria demostrada por la presencia de citocinas en la lágrima tras la exposición.¹,¹⁴ Su manejo combina la anticipación y la evitación de los desencadenantes con el refuerzo de la lubricación y un corticoide tópico de acción corta: el loteprednol al 0,25 % es el único aprobado para el tratamiento a corto plazo, de hasta dos semanas, de las reagudizaciones.¹ El DEWS III advierte, no obstante, que su alcance de uso sigue sin estar claro, sin criterios precisos de resolución ni un número definido de reagudizaciones tratables al año.¹ La regla operativa es distinguir el manejo de fondo —crónico, escalonado y dirigido al driver— del manejo de la reagudización —agudo, corto y antiinflamatorio puntual—.¹

37.6 Adherencia, coste y medición de la respuesta

Sección titulada «37.6 Adherencia, coste y medición de la respuesta»

La naturaleza crónica y multiterapia de la enfermedad tensiona la adherencia, que mejora al simplificar el régimen, educar en la técnica y las expectativas, explicar la latencia de semanas o meses de algunos fármacos y revisar periódicamente al paciente.¹,⁹ El balance entre el coste, la eficacia y la invasividad guía el ascenso de escalón, empezando por lo más simple y barato, y la estratificación por biomarcadores evita las terapias caras innecesarias.¹ La mejora de la calidad de vida es un objetivo terapéutico primario que debe monitorizarse.¹

La respuesta se mide combinando los síntomas y los signos.¹ Los síntomas se valoran con cuestionarios validados, con el OSDI-6 como instrumento de cribado.¹⁵ Los signos incluyen la estabilidad, la osmolaridad y la tinción. Como es frecuente que mejoren a distinto ritmo, deben evaluarse ambos y no fiarse de uno solo.¹ Los biomarcadores guían la respuesta: la metaloproteinasa 9, medida con la prueba de punto de atención, es un marcador de inflamación de superficie, y los pacientes positivos responden mejor a la ciclosporina, lo que la hace predictiva de a quién dar antiinflamatorio y útil para monitorizar, mientras que la ausencia de inflamación aconseja priorizar el driver estructural y evitar antiinflamatorios innecesarios.¹,¹⁶,¹⁷ Se ha propuesto además un abordaje objetivo de la gravedad que ayuda a escalonar y a medir el cambio.¹⁸ Como los drivers y la gravedad cambian con el tiempo, debe reevaluarse periódicamente para reajustar el escalón, cerrando el bucle entre el diagnóstico y el manejo.¹

37.7 Novedades del DEWS III y medicina personalizada

Sección titulada «37.7 Novedades del DEWS III y medicina personalizada»

El cambio de paradigma principal es el paso de la dicotomía a los drivers: el DEWS III conserva el escalonamiento del DEWS II pero lo reordena en torno a los conductores etiológicos, en línea con la propuesta de repensar la enfermedad.¹,⁷,¹⁹ El resumen ejecutivo consagra este marco integrado de clasificación, diagnóstico y manejo.²⁰ La consecuencia es que el tratamiento se empareja con el mecanismo y la combinación es la norma.¹ El arsenal se ha actualizado desde el DEWS II con los estabilizadores lagrimales como el perfluorohexiloctano, la ciclosporina sin agua, el corticoide específico para las reagudizaciones y la fotobiomodulación junto a la luz pulsada.¹ El spray nasal de varenicline se ha incorporado como secretagogo neuroestimulador, y se reconoce formalmente la reagudización como entidad tratable diferenciada.¹,¹¹,¹⁴

La subclasificación por drivers es la puerta a un tratamiento personalizado que combina intervenciones según el conjunto de drivers activos y su gravedad, integrando la fisiopatología y los factores genéticos, hormonales y ambientales.¹,²⁰ La estratificación por biomarcadores decide a quién dar antiinflamatorio y mide la respuesta.¹ El dolor neuropático es un fenotipo que exige un abordaje distinto, con neuromoduladores en lugar de más lubricante.²¹ El objetivo declarado del DEWS III es que un abordaje personalizado y multifacético, que considere las causas subyacentes y los factores del paciente, mejore los desenlaces y la calidad de vida, evite las terapias innecesarias y oriente la investigación hacia algoritmos refinados y biomarcadores guía.¹

En la práctica, el manejo debe partir siempre de las medidas del primer paso —la educación, el estilo de vida, la revisión farmacológica con la retirada del cloruro de benzalconio y los sustitutos lagrimales—, aplicables a todos los pacientes, y ascender de escalón solo cuando la respuesta, medida con síntomas y signos, sea inadecuada, añadiendo las intervenciones dirigidas al driver identificado en la subclasificación. La prueba de la metaloproteinasa 9 ayuda a decidir a quién priorizar el antiinflamatorio, evitando su uso indiscriminado. Es esencial fijar expectativas realistas —una enfermedad crónica que se controla, no se cura, con respuestas de semanas o meses— para sostener la adherencia. El manejo de fondo debe distinguirse del de las reagudizaciones, que se tratan de forma puntual y corta. Y la reevaluación periódica, con el mismo instrumental, permite reajustar el escalón conforme cambian los drivers y la gravedad.

Persisten varias cuestiones. La suplementación con omega 3, pese a su lógica, arroja resultados controvertidos, con un ensayo amplio negativo frente al placebo.¹,¹⁰ El uso de los corticoides para las reagudizaciones carece de criterios precisos de resolución y de un número definido de ciclos tolerables al año, en una enfermedad crónica.¹ El propio marco escalonado, aunque útil, no está validado como un algoritmo único que pondere de forma reproducible la combinación de drivers y la gravedad para prescribir.¹,⁷ Y la estratificación por biomarcadores, prometedora con la metaloproteinasa 9, está lejos de la generalización por la falta de estandarización de la mayoría de ellos.¹,¹⁶

  • El tratamiento persigue restaurar la homeostasis, romper el círculo vicioso, aliviar los síntomas y proteger la superficie.
  • El ojo seco es una enfermedad crónica: el objetivo es el control a largo plazo, no la cura, con expectativas realistas.
  • El eje del tratamiento es el driver y el ritmo es el escalón por gravedad; los pasos se suman, no se sustituyen.
  • El primer paso —educación, estilo de vida, lubricantes, higiene— se aplica a todos los pacientes.
  • Deben abordarse los factores modificables y la iatrogenia, en especial el cloruro de benzalconio.
  • El manejo de fondo se distingue del de las reagudizaciones, tratadas de forma puntual con corticoide corto.
  • La respuesta se mide con síntomas y signos, y la metaloproteinasa 9 orienta a quién dar antiinflamatorio.

El manejo del ojo seco ha madurado desde un escalonamiento por gravedad hacia un marco que combina ese escalonamiento con la terapia dirigida a los drivers etiológicos. El TFOS DEWS III fija sus objetivos —restaurar la homeostasis, romper el círculo vicioso, aliviar los síntomas y proteger la superficie— y sus principios —tratar según el driver y la gravedad, abordar los factores modificables y la iatrogenia, y preferir la opción más segura—. El algoritmo escalonado en cuatro pasos, heredado del DEWS II y actualizado con nuevos agentes, sigue siendo la columna vertebral operativa, pero su eje es ahora el driver y su ritmo la gravedad, con los pasos que se suman y una respuesta que se mide combinando síntomas y signos. La orientación hacia una medicina personalizada, con la estratificación por biomarcadores y el reconocimiento de fenotipos como el dolor neuropático, marca el horizonte de un tratamiento cada vez más individualizado, que los capítulos siguientes desarrollan intervención a intervención.

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